Publicidad engañosa de manual.

La cuenta tentuplica de Self Bank nos dice que

Si la bolsa SUBE,
¡COMPRO A CRÉDITO!

Y puedo multiplicar hasta x10 mi capacidad de COMPRA.

y que

Si la bolsa BAJA,
¡VENDO A CRÉDITO!

Y puedo multiplicar hasta x9 mi capacidad de VENTA.

Lo que es cierto pero incompleto y sabemos que una verdad a medias es una mentira entera.

Lo que nos dicen es solo que podemos multiplicar por nueve o por diez la capacidad de venta o compra, dando a entender que multiplicamos por las mismas magnitudes los beneficios. Pero podemos ganar o perder, es evidente.

Así que si nos equivocamos vamos a multiplicar por nueve o por diez las pérdidas.

El modo mas rápido de arruinarse. Lo sé porque yo mismo caí en la misma trampa y me arruiné.

Algún día os lo contaré

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A mí no me sorprende.

“La mayoría de los ahorradores que contrataron un “depósito” estructurado obtuvieron una rentabilidad del 0%.

Ya lo he comentado: la rentabilidad de estos productos se hace depender de la evolución de valores muy llamativos, de los considerados “Blue chips“, Telefónica, Santander, Repsol, etc.

Así se consigue dar la impresión de que estamos invirtiendo en valores sólidos, que todos conocemos y que nos van a ofrecer rentabilidad.

Lo que no es cierto, por supuesto.

La rentabilidad que obtengamos no dependerá de la que ofrezcan los valores seleccionados sino de la evolución de las cotizaciones y de que se cumplan determinadas condiciones, como que las dos o tres cotizaciones se encuentren por encima de un valor determinado en las fechas de observación.

A bote pronto hay dos trampas:

– se eligen valores con baja correlación, incluso negativa, de tal modo que cuando uno sube el otro baja o sube en mucha menor medida. Se hacen análisis estadísticos para comprobar que en el pasado la condición que se elige apenas se ha dado en un 20%, o porcentaje igualmente bajo, de los casos. O al revés, se define un porcentaje máximo de posibilidad de que el cliente obtenga una rentabilidad llamativa, la que se publicita, y a partir de ahí se hace el estudio estadístico hacia atrás para calcular los valores que se establecen de referencia.

– otra trampa es que para las observaciones se suelen elegir fechas inmediatamente posteriores a aquellas en las que las empresas pagan dividendos. Santander paga el 2 de mayo. Establecemos la observación el 4 de mayo porque el importe del dividendo se resta de la cotización el día en que se paga. Aunque el patrimonio del accionista sea el mismo si es valor de la acción o (valor de la acción menos dividendo) mas dividendo, la cifra contra la que se comparan las condiciones es la cotización y esta es menor que el día 30 de abril.

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Incentivos fiscales para valores pequeños.

Los beneficios fiscales y la distorsión de los mercados.

BME apuesta por vehículos de inversión con beneficios fiscales.

Quiere beneficiar a fondos de inversión especializados en valores pequeños ya que “se echa en falta una mayor especialización entre los inversores, puesto que en España aún hay pocos fondos especializados en ‘small caps’” de modo que “Los partícipes recibirían un incentivo fiscal por la innovación, el emprendimiento, el desarrollo social y la creación de empleo.

(…) por suscribir y mantener sus posiciones durante un tiempo.”

Partamos de la base de que los beneficios fiscales distorsionan el funcionamiento de los mercados al introducir nuevos incentivos que favorecen a alguna de las alternativas en cada caso concreto. El ejemplo mas claro es la deducción por vivienda que contribuye a que el alquiler sea una opción minoritaria en España. Así que tales medidas fiscales deben ser muy justificadas.

El problema es que los beneficios fiscales son, en demasiadas ocasiones, fruto de la presión de distintos lobbies que defienden intereses muy concretos y no como herramienta para realizar políticas concretas, sean sociales o de otro tipo.

A lo que iba: es lógico que BME pida un beneficio fiscal para que se invierta en valores pequeños porque los ingresos de BME se generan por las operaciones bursátiles. Cuantas mas operaciones haya mejor le irá a BME.

Pero tengo serias dudas acerca de la conveniencia de que la inversión en unos valores concretos deba ser subvencionada y en otros no. La palabra “subvención” es magia para el español medio y la decisión de inversión que debería ser el resultado de un análisis riguroso del valor puede ser consecuencia exclusivamente del beneficio fiscal. Posteriormente, la inversión puede causar pérdidas superiores a lo que se ha recibido en un primer momento, pero es no suele considerarse.

Además, hay muchas razones para que el inversor de a pie no ponga su dinero en valores pequeños, incluso si se hace a través de fondos de inversión cuya gestión en teoría es algo mas profesional y hace mejores análisis de los valores.

La cotización de los valores pequeños son muy susceptibles de manipulación, operaciones de muy poco importe pueden provocar fluctuaciones importantes de la cotización, por no hablar de que estamos viendo problemas en algunas de estas empresas: Zinkia (la productora de Pocoyó), Corporación Dermoestética, Gowex, etc.

P.D. “La nueva ayuda para los parados no tiene el éxito esperado.”

Quizá haya que reconsiderar todo el sistema de ayudas, subvenciones e incentivos fiscales para que tengan algún impacto real mas allá de beneficiar a quienes los promueven.

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Ruido vs. información.

No paro de toparme, involuntariamente, con plataformas de trading que prometen el oro y el moro y ofrecen métodos infalibles, cursos de iniciación y gráficos muy chulos que nos dan la impresión de que esto, además del mejor modo para forrarnos, es algo muy divertido.
Esta fascinación por los colorines me está recordando la leyenda de que las urracas se sienten atraídas por los objetos brillantes.

A lo que iba, ya he comentado que estoy leyendo los libros de Nassim Taleb, y en “Fooled by randomness” nos cuenta algo muy interesante, aunque no deje de ser evidente: que en los movimientos de los mercados hay ruido.

Usa el ejemplo de las líneas telefónicas. En una conversación oiremos a nuestro interlocutor y puede que haya interferencias. Lo primero sería la información relevante y lo segundo el ruido, nunca mejor dicho.

(Ahora mi digresión: trabajé en una empresa de telecomunicaciones y había que hacer pruebas de la calidad del servicio de cada uno de los proveedores que nos querían suministrar minutos.

Las pruebas las hacía mi compañero Raúl marcando números al azar tras el prefijo del país y preguntando “Am I talking with Nigeria? Yes? Thank you very much” y evaluando “a ojo” la calidad de la señal.)

Pues al igual que en las líneas telefónicas, la información que nos trasladan los mercados, vía movimientos de las cotizaciones, nos llega contamina por el “ruido” que introducen los movimientos meramente aleatorios de los precios.

Cuanto mas frecuente es la observación, mas ruido recibimos y menos información relevante tenemos. Si observamos una vez al año, recibiremos 0,7 unidades de ruido por cada unidad de información relevante. Una vez al mes tendremos 2,32 unidades de ruido por cada unidad de información. En una hora, 30 unidades de ruido por cada unidad de información.

Si miramos cada segundo recibiremos 1,796 unidades de ruido por cada unidad de información.

Hay un problema adicional: nuestras reacciones emocionales no son equivalentes ante las subidas y ante las bajadas, la reacción ante estas es mucho mas acentuada que ante las subidas. Incluso aunque el resultado final sea positivo, nuestra cartera termine ganando, terminaremos agotados por el camino. Cada observación en rojo nos producirá una angustia que no se contrarrestará por la euforia de las cifras en verde.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que hagan el favor de des instalar de sus teléfonos móviles la aplicación de Bloomberg que consultan una vez por hora para ver como evolucionan los índices y los valores que componen su cartera.

No vale para nada y les va a confundir, agotar y, en el peor de los casos, hacer tomar decisiones precipitadas y erróneas.

Hagan el favor.

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No podía ser bonito.

Los compañeros de Feel Capital han metido el lápiz rojo a la nueva cuenta 1, 2, 3 del Santander y han llegado a la sorprendente conclusión de que es bastante difícil que termine resultando ventajosa para el cliente y que el banco sí que obtendrá cuantiosos beneficios cuando se contrate.

Quien lo hubiera dicho.

Si es el Santander.

Un banco orientado al cliente.

De verdad.

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Dudas razonables.

Taleb Nassim es tan crítico con la industria de la gestión de patrimonios que se podría decir que para él todos los gestores son profesores de academias para enseñar a cazar dragones.

Así que les dejo tres reseñas críticas de su libro “El cisne negro”.

Scotsman.

The New York Times.

The future place blog.

Me gustan sus libros, pero algunas de sus afirmaciones son bastante discutibles. Eso sí, para mantener un espíritu crítico ante casi todo lo que nos dicen es muy sano leerlo. Los recelos estarán o no fundados pero mejor tener que pensar de nuevo para ver si las dudas están justificadas o son exageradas.

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Se podría hacer de otro modo.

El patrimonio de las firmas extranjeras está en máximos gracias al éxito de las redes (…) con la venta de fondos que invierten en sus productos.”

Se podría hacer de otro modo: ofreciendo al cliente una cartera que invirtiera directamente en los fondos de firmas extranjeras, pero eso reduciría los beneficios de los comercializadores.

Ya comenté que era lógico y normal, desde la perspectiva del banco, que Santander mantuviera su marca en los fondos de inversión pese a que iban a estar bajo el paraguas de una nueva gestora porque la potencia comercial de la marca Santander es enorme.

Pero si las entidades venden lo que les da la gana, podrían “educar” al cliente para que aceptara fondos de Fidelity, JPMorgan o Blackrock, sería cuestión de voluntad.

Pero entonces solo recibirían la retrocesión que pagan estas gestoras a quien vende sus productos, entre un 40% y un 50%, habitualmente, de la comisión de gestión total que detraen del valor liquidativo del fondo todos los días.

Al invertir a través de un producto propio se cobra dos veces: la “etrocesión y la comisión de “gestión” que cobra el fondo de la entidad, que no suele ser baja. Pongo “gestión” entre comillas porque es lo menos que se despacha en “gestión”: consiste en coger un ranking de los fondos con mejor rentabilidad y, quizá, menos volatilidad de la categoría que se haya elegido para el fondo propio y comprarlos con el dinero del cliente.

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